Wednesday, November 6, 2013

Residente

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fieles a su causa, causaron terremotos en la economía bursátil,
Elegantes todos cuando a cobrar se trata, facilitando las entradas en bancas, posesionándose por las riquezas de sus langostas. Todas bien unidas, separadas cuando las agarran. Cadenas y candados todos estos sus artefactos.

Motivo circunstancial, simplificadores de un juicio carente, somos todavía necesitados por el silbido. Ruido capaz de viciarle la mirada a una de esas vacas. Somos arreadores del estado, somos los consumidores del orden, somos provisores con los de las mayores, porque cuando alguien; un pasante se equivoca en tocar el timbre de esa puerta, un inquilino con toda su gorila nos aplasta a rolazo limpio amasando al indecente flacucho que errante de caminos es iluminado por la maldad de la facilidad.

Es cierto vendedor de puerta en puerta, tu mercancía no sirve, y sabemos porque no las has vendido con garantía.

Es entonces llamar a: un héroe que nos contenga y nos enseñe la nueva-vieja palabra de nuestro forjar e inclusive de nuestra real dignidad, que por estos lares nadie así se salvará.

¿Y que es lo que se dice, que es?

Cuando a nadie le importa ya saber, porque abres la puerta y nos encuentras fuera de sitio. Te preguntas entonces si nos movieron o es que se te olvido en donde nos dejasteis; seguro fue a un lado donde las subjetividades del universo y lo objetivo siempre son escuchadas o pensadas antes de llamar a la guardia nacional e interferir con los asuntos jurídicos de las sociedades parciales a la libertad.

¡cuidado, cuidado, en el aire!

-Murmuraba un niño asombrado al ver miles de aviones sobrevolar su parque, también callando gracias a que cada uno de esos gritaba ¡anarquía! ¡anarquía! ¡Rebelión! ¡Rebelión! para independizar un estado dictatorial, uno auto dependiente del terror aéreo, del terror fascista, o sea un imperialismo salvaje.

Y desde luego los lagos se secaron y se politizaron las agencias, alineando la escasez de ideas en la insuficiencia de praxis, asimismo por la insolvencia de paciencia se les donó la camisa mas barata del trabajo, y en el pecho de millones por una simple gota muda, es usted olvidado señorito residente.

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