El centro que tiene cada ciudad y de ahi la concentracion de mercados, talleres, organismos publicos y privados; de vendedores ambulantes, taxistas; por puesto, tracaleros dentro de sus trampas: negocios pulchinelas donde cautivan a cada ser transparente a dedicar su tiempo en la mentira que venden y al final, con factura te lo clavan bien duro si te dejas, asi el proximo cae y uno aprende a vivir bajo las piramides de la ciudad, una ciudad donde su sol amado es el simbolo dorado de toda existencia y sus cuerpos, alrededor como planetas recorriendo las galaxias van y mezclan un poco de sus vidas al comprar y vender, sacrificando sus talentos dado que asi las artes economicas fueron fundadas y la vida transita dia a dia por las calles del Malecon, centro de Maracaibo.
Ahi, frente al lago, donde las aguas salinas y dulces no se distingen sino el aroma alcalino y en descompocision produce lemma, esta que bloquea la luz al ecosistema del lago y en otras palabras se lleva el oxigeno de otros animales, ahogandolos, la contaminacion, el petroleo, y todas las cluacas de la ciudad desembocan directo a lo que fue vida y gracia de miles de años, ahora es solo un medio por donde los buques transportan sus productos y algunos habitantes todavia se alimentan de lo que sacan vivo de este.
Vendedores de todos los alrededores, de Maicao, de Cabimas, la Concepcion, Santa Rita dan sus respectivas vueltas por el centro, miles de personas de cualquier tipo se ven entrar y salir llegando y saliendo por todos lados, los niños juegan al malandreo, quienes de mañana no estan en sus colegios, o trabajan por necesidad, o simplemente no tienen mas que hacerlo para sobrevivir otro dia mas en las congestionadas calles de sus vida, donde los rostros son conocidos por la forma de ver lo que los rodea como la forma de hablar, pues de trato a trato el lenguaje de los que recurren en el centro se ha tranformado en la llave del exito en las marañas del dia a dia.
Son estos personajes, algunos que venden hortalizas, o productos basicos de la dieta diaria del Maracucho los que siembran en el centro las raices del comercio y por estos miles de familias encuentran sus alimentos, en carretillas venden lo que buscas, siempre a un precio establecido pero ajustable segun la labia que se trabaje, pues el vendedor hace su cuota y los agricultores otra, lo extra seguira siendo parte de lo que se va a consumir y ese dinero, ese dinero tendra historias como las personas que de mano a mano pasa.
Ante tal microuniverso, iglesias invitan a sus creyentes por lo imperante que se ven, abogados entran en sus oficinas calculando las palabras y leyes que manipular para ver si ganan o no el caso y su nombre sea respetado como tal y alcanzar algo mas de ese dinero que tanto se necesita para crecer en esta piramide donde el sol endurece a la mayoria y a los que no, bueno, esa es tarea de los predadores alimentarse de estos.
Simon, sentado junto a otros niños, unos oliendo pega, otros cayendose a coñazos mientras algunos transeuntes los veian y apostaban unos cobritos al ganador, riendo con una chicha en la mano y la otra las monedas, en el piso algunas monedas de incentivo para que el ganador le de bien duro al perdedor y entre tanta vaina, Simon, muerto de hambre, casi cocido por la humedad, por atras pateaba a sus amigos, a uno lo estrujaba por el piso y a otro lo agarraba por el pelo haciendolo llorar, cuando los espectadores impresionados aclamaban tal bestia derrotar a sus compañeros, recibiendo el premio, que eran luego agarrados por Simon y como el viento escapaba de tal traicion.
Entre el vergero de personas en el mercado, Simon, escurridizo tenia manos invisibles, salia con unos bastones de pan y compraba con algunos cobritos algo de chicha con bastante leche condensada y algo de pega. En la tarde iba donde sus panitas y lo veian con arrechera pero este les ofrecia lo que habia conseguido por ellos; partia el pan y se distribuia la chicha, sus panitas olvidaban y comian cuando la tarde calmaba el pulsar del Centro y las brias del lago retornaban de su letardo.
Simon, de buen corazon, ayudaba a sus panas, a eso la noche despertaria la mafia y las drogas circulaban en el mercado, se iria de tal lugar, regresando a su casa, unas cuadras mas adentro donde su Abuela, enferma estaba tendida en la cama, Simon con el dinerito restante compraria algo de hierva que la cocinaba con algo de leche y se lo daba a su Abuela, con algo del pan milagroso ese que todavia tenia y alimentaba a toda su familia. La enjuagaba con algo de agua y con un abanico la refrescaba. Su Abuelita cambiaba, el antes rostro contreñido era relajado y sus ojos brillantes se nublaban un poco en presencia de su nieto.
Abanicaba hasta que por fin cerraba los ojos y saliendo, Simon, viendo a las estrellas, se tomaba un poco lo restante de la leche, y descansaria sin comer nada, pero con la medicina haciendo efecto tanto que su cuerpo al entrar se acostaria a un lado de su Abuelita, para trabajar en la mañana.
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