Exactamente nadie está seguro, pero se le pueden escuchar a los más sabios que el calendario tiene adelantados unos 50 años en su tiempo supuestamente correcto.
Vino en el año 2050 D.C., y su paradero es, inclusive para los científicos, imposible de confesar; varias preguntas con una sola respuesta se esperan impredeciblemente en la vida, y a veces por buscarnos entre los demás la dejamos que nos caiga de milagro o de pena endemoniados; engañamos y confiamos hasta una ultima e incomprensible verdad, el comienzo del fin o el fin del comienzo, es siempre todo relevante y relativo, para los que con sus dos ojos ven a este mundo de sentidos colores y de invisibles apariencias.
Erase una vez, en una serie de islas, lejos, muy lejos de cualquier gran continente, en donde una gran comunidad constaba de todas las herramientas e innumerables fuentes de vida que poseían los demás países con respecto a la naturaleza y sus problemas allegados. Puede ser que estaban en el medio del pacifico, entre la inestable Japón y la difícil Chile, al sur de Hawai; los barcos, sus capitanes respetuosamente llamaban a esa serie de islas, Copolis, y los presidentes del mundo la conocían como Pralís. Con sus 5000 habitantes, todos ellos inteligentísimos, conseguían llamar la atención de las mejores organizaciones y estudios interesados en aumentar la sensatez en aquel tiempo de post guerra, pues la 3ra guerra mundial, a principios del 2010D.C., que duró solo 1 año había acabado con mas del 35 por ciento de la vida humana en el planeta, y por la generada violencia, la conciencia de los sobrevivientes se purificó en trazos a los que la vida ya no seguirá o siempre a sido tener el control sobre las cosas, asuntos irrevelantes, pues todos ahora se ayudaban y las pocas fronteras se abrían al mundo como una sola masa terrestre. La contaminación fue equilibrada en un periodo de 15 años, luego todo ecosistema renacería como el ave fénix de sus cenizas. Y mientras todos estos cambios pasaban en el extranjero, nadie, ni nada los tocó, sus islas quedaron intactas y así se habían mantenido por más de 5000 años.
Luzinda una joven mujer de 22 años se despertaba y levantando a su tía abuela escuchaba.
-¡que linda eres!- Le decía su tía abuela cuando ella le servia el desayuno y las luces apenas tocaban la profunda noche, y la diosas estrellas se despedían con una calida brisa que armonizaba la norteña región de la isla central, en donde una montaña gigante, imponentemente se pintaba de un perfil plateado, embelleciendo a los arbustos de frutos que maduraban también con tan esplendido ciclo inmortal.
Su tía-abuela Ámbar tuvo la oportunidad de viajar y conocer otros países, continentes, pero en ves de tal excursión se quedó y se cazó con Dios, una monja, una madre bautizada en las islas, y su amor a la vida. Con sus mil y una historias que le contaba antes de dormir a su sobrina de pequeña, eran que de ahí mismo, desde el centro de las islas nacieron los demás continentes, y en los años siguientes, estas islas, creciendo se mudaban expandiendo un vasto territorio ambiguo, bordando las condiciones ahora distinguidas. Su sobrina, con la piel amarilla igual que la de su abuela y su rizado pelo azabache, ese, su espíritu de la luz no la dejaba estar en un sitio, su corazón palpitaba vida propia. finalizando el desayuno su religiosa tía-abuela limpiaba los platos he iba al pequeño templo donde sus amigas la esperaban, y ella, mas allá del templo, la mas linda de la zona norte emprendía un viaje a la ciudad central, a la montaña protectora, pues dentro, en una cueva los edificios fueron creados y los genios trabajaban por el bienestar de la civilización casi escondida, todo porque los huracanes, los tifones y los tsunamis por temporadas acechaban sus costas, por fortuna ese calendario si era preciso y la evacuación tremendamente excelente avisaba de las tempestades, ni una persona había nunca salido lastimada, aunque algunos animales desafortunadamente no entendían y torpes se quedaban en el mismo sitio masticando o cuidando algunas hectáreas de alimentos, cuales nativos para abastecer guardaban; antes de que los sacros vientos visitasen las islas en una bodega: esas provisiones emergentes en unos establos y granjas subterráneas eran administradas activando el resurgimiento del ciclo, coexistiendo felizmente después de ese equilibrio natural.
Luzinda que conocía todas las islas y trabajaba con la organización de turismo llenó la aplicación para ser la guía de los visitantes como intercambio cultural, pensaba tener la oportunidad de algún día ser ella la próxima al contacto con las otras culturas y tal vez casarse con un extranjero y tener hijos, esa era la idea entre los genios y sus administradores, mezclar a todas las razas y no tener diferencias, la sociedad en las islas no era de clases sino de trabajo, el que más lo hacia más tenia, al menos por los llamados genios, que por estar en los edificios así son llamados.
Ya en la capital del continente Asiático habían elegido a un grupo de participantes, uno de ellos era Demacio, la embarcación duraría dos semanas en el mar antes de llegar a Pralis y ser recibidos por un comité y la guía, en el grupo constituido por mujeres y hombres, cada uno con artículos contemporáneos, antiguos, como quisieran, embarcaban al puerto del Este de la quinta isla, luego eran transportadas las persona a la isla central y sus equipajes por otra parte eran analizados y esterilizados. Luzinda con sus alertas ojos vio lo que ya su corazón no le dejaba pensar, amor a primera vista, Demacio una persona lonquitipo y con unos ojos misteriosos también la vio, ella, de una carisma dulce, una boquita rosadita y un cuerpo hipnotizador le recibía con la sonrisa inocente, inmediatamente los dos supieron que las sensaciones desbordaban la comprensión y unas aves encima volaban borrachas como cayendo hacia el mar, nadie en verdad se dio cuenta de esto, ellos sin decirse nada caminaban conjunto a los demás en vías la enseñada por Luzinda y otros genios en par a la cueva, la ciudad.
Un integrante del grupo no entendía muy bien las estructuras medio sacadas de la montaña y esculpidas en forma de edificios, tampoco el porqué de su alto contenido en carbón.
Tras recibirlos, en unas horas cada uno escogió en donde quería vivir por el año y medio antes de la partida, o estadía completa, Demacio escogió estar cerca de Luzinda y Luzinda sonrojada acepto ser su mentora en todo asunto con la cultura y la historia de las islas.
En tanto pasaron los meses y un festejo hubo, en ya la vuelta de las traviesas estrellas, ellas en sus ramales traían un clima suculento, un fresco ambiente con un poco de viento, los enamorados no se quitaban la vista de encima, Demacio la tomó de su mano y la llevó a la orilla en donde ella le echaba un cuento que su abuela una vez le dijo: en el pico de cada estrella, las hadas tienen un camino a la información del futuro y que cuando en el futuro las recibían las estrellas cantaban una triste melodía a los cielos sabios, y como sus deseos nublaban sus vidas, las hadas fueron dominadas por las estrellas. Mi abuela también contaba historias de fantasía, pero me daban sueño cuando el miedo bordeaba la luna y la oscuridad soñaba.
- con mas que hablas, tu delicadeza me desnuda- le decía Demacio antes de besar apasionadamente a Luzinda en medio de una lluvia de asteroides.
El beso fue tan prolongado e intenso que la virgen Luzinda no se puedo controlar tanto como Demacio y en una tan empírica noche la manos intranquilas conocían sus secretos, la una desabotonaba lentamente su blusa y con la otra en el cuello la abrazaba divinamente en su juego, ella subiéndole la franela se apoderaba del instinto seductor apretándolo con posesión y afirmándole el otro paso al paraíso que se sabían, las vestimentas a un lado y en plena desabrigues, en aquel nido romántico, en la solitaria orilla sus cuerpos perdieron la realidad y sus sentimientos encontrados en uno solo: ella queriéndolo, el todavía misterioso, sus ojos no cambiaron, mientras que los de Luzinda cegados veía, mas no cavilaba.
Numerosas son las fugaces nubes en lo más alto de vuestro turbio cielo,
Caemos de repente en cualquier juego armonioso, llamándolo destino
Para respondernos a unos con otros la siguiente e hipotética verdad.
Luz de luces, de lira y canto,
Luz divina, plateada, pérdida en lo alto.
Diosas que son deidades inocentes,
Doce liberan el nacimiento en un llanto.
-Ya ha pasado un año y medio, querida esposa, y me dicen todos que me quede, yo no te puedo hacer eso a ti, te amo, en estas islas la gente es distinta, en verdad he descubierto el porqué de su inteligencia, es a la igual que la de que cuando el primer cromagñon intuitivamente analizó algo, ellos viven en una cueva como nuestros antepasados lo hicieron, y por el carbono sus cerebros han crecido y dado cuenta de la importancia que no da el respeto, parte fundamental de su sensatez, sus habitantes llaman a esa ciudad TAM, en el periodo de los desastres todos conviven ahí, eso sí no existe la violencia ni las diferencias y los niños aquí también pueden tener la palabra y votar, además no creo que me hayan enseñado todos los rincones de esas cuevas, me da la impresión de que esconden algunos secretos. La estadía en la Copolis me ha ayudado y por seguro esos antes de mi lo entendieron, ahora dentro de unos días nos reuniremos y conversaremos y hasta, bueno ya sabes tu, jejeje, cuando recibas esta carta en unas semanas estoy en casa.- una carta hecha por Demacio a su esposa en Asia sin que Luzcinda sepa nada. Ella nunca supo que Demacio era casado, ella si le pregunto y le respondió que no, más bien le dijo que era su único amor y que se iba a quedar en las islas con ella, así pues el interés perdió por excursionar hacia otros países, su amor la frenó y su ilusión engordó al creer haber encontrado a su amor.
Cuando su abuela vio un ave caer al agua y no emerger, supuso lo peor, pero luego el ave al tiempo prorrumpió del las aguas, este fenómeno practicado por los mas sabios ancianos es la omniscópia el arte de predecir viendo a las aves.
El día en que el grupo proveniente del Asia se marchaba ella estaba totalmente segura de que Demacio dormía a su lado, un ruido la despertó, y una luz en su cara sus ojos abrió, moviéndose a un lado una hojita escrita por Demacio le decía que el tenia una esposa e iba a volver con ella, a Luzinda su corazón se la partió, era ya tarde para buscar una explicación y de pronto algo ocurrió, un segundo sonido sucumbió las islas, todos salieron a ver los cielos que parecía como si una hada se hubiese desplomado de las estrellas, azotando sus almas de preguntas, mientras ya la embarcación se alejaba y Demacio enriquecido se perdía ante el profundo y engañoso recuerdo, un tercer sonido definió lo sucedido, una fugaz luz aparecía directo a las islas, asustados, estáticos esperaron lo peor, cuando caía estrepitosamente golpeando y estrujando una gran parte de la orilla, vieron lo maravilloso e increíble, no era una estrella o hada, era como un robot todo construido por un material resistente al fuego y altas temperaturas, cerca, y la primera en llegar fue la engañada Luzinda, recién fecundada. Cuando por una acción involuntaria tocando a este divino masaje, un electrochoque lanzándola no tan lejos para no hacerle daño al feto que en ella llevaba, una extraña masa electromagnética era absorbida por las células en su fase generativa dándole al futuro bebe unos poderes sobrenaturales, al cabo de este estallido, y aquel curioso sonido, unos integrantes pesqueros de las islas se fueron como un escuadrón al auxilio de esa joven que yacía inconsciente en el suelo frente a una enigmática y poderosa figura caída del cielo.
A tal figura o robot los de las islas se lo llevaron a las cuevas en donde seria analizado por decenas de médicos, científicos y geólogos donde entre ellos descubrirán que y como ese objeto aterrizó ahí, y talvez el porque, mientras que a Luzcinda la llevaban directo al hospital.
Cuando se despertaba esta semiinconsciente belleza, luego de estar varios días en coma, y que en ningún momento su abuela la había dejado de cuidar. Su abuela Ámbar cantándole sus más alegres melodías la llamaba como eco que aparecía de unas sombras sin luz, viendo a una persona de fracciones conocidas Luzcinda no reconoció a su abuela. Amnesia decretaron los especialistas que tenía y nadie sabía entonces lo del hijo que llevaba por dentro, no se percataron; cuando las semanas pasaron y el doctor le recetaba terapias pues sus músculos eran débiles y no podía caminar, José, el hijo del carpintero, asistente del Terapeuta, ayudándole a pararse y caminar se enamoraría de ella y a ella el solo le parecía un amigo.
Entre tanto las visitas de José y el notable embarazo se dieron a conocer por las lenguas que rodaban cerca de la reocupada casita con vista a las montañas, se explicaban si eran casados o si se casarían después de su hija nacer, claro que ya podían los ginecólogos saber su sexo, pero José siempre les repetía que no era de él, y él sabia de ella desde ese momento en que todo cambió, se llevaban conociendo los meses exactos de su virginidad ascender, y ella amnésica no podía recordar. Luego su abuela inmortalizó unos de sus cuentos que era sobre una profecía; y las otras viejas conectadas a tal mito dedujeron que Galadriel, iba a ser la niña de Luzcinda y que el santo espíritu de la incomprendida estatua pero adulada fue la semilla milagrosa que la fecundo. Iniciando así la quimera de un clan con otra religión, y un verdadero nacimiento de una mujer con poderes sobrenaturales.

No comments:
Post a Comment