Wednesday, May 16, 2018

Warrain

En la balsa, Mara y su familia, con amigxs, entre estos el Warrain también, niño de la jungla, donde adoptado por una pareja de buenos jóvenes idealistas quienes escapaban del padre de la joven, este embriagado y enmascarado, la perseguía a muerte. Gritaba que de su casa no salia sin su permiso, era el padre desta joven un malnacido, engendro e indigestión del diablo, a su esposa la habían secuestrado y nada hacia, dejaban a la niña por fea, decían, si, no tenia oreja, y estaba siempre en su cuarto viendo la ventana. Mayara, pobrecita joven, la ventana del saber, con sus libros escuchaba bien las palabras en su termino y envuelta en estas se encantaba.

Desde pequeña le gustaba la lectura, escuchaba solo sus lamentos, sus padres no dudarían mucho juntos, hasta ese día que la raptaban y su padre cambiaba. Era rabia y celo, pobre de este, lo consumieron hasta enloquecerlo y dar su vida al alcohol. Mientras las clases eran canceladas, se quedaban sin estudio, y nada podía hacer, era Lania quien la encontraría entre la soledad de su físico, era ella misma reclusa de su inteligencia, la forma máxima del crecer sin alimento, solo esa fe que no llena, pero alimenta al bajar, y sacarle provecho como a todo. Contra todo reglamento de su alcohólico padre anunciaba amor, pero desde luego los encontraban, y entre botellas y mentiras, la frustración de la bestia evolucionaba.

De selvas esta hecha esta tierra, de selva somos y seremos. Hasta la próxima aparición desta destructiva continuación. La causa y el efecto. Corrían contra todx por la libertad, dentro se metían para escapar de su yugo. Los ojos del Warrain brillaban de esperanza al ver a los Mara salir de la maleza y rescatarlo de la selva. Soledad en la que se metía.

Apenas entraban en esta y en su querella encontraban al pobre Warrain, niño peluo, hambriento, seco como escupido de culebra, lo vomitaba al mardito, suerte dicen por ahí sus descompuestxs amigxs, pero peluo atragantaba a la Boa su garganta, haciéndola romper su contenido, botándolo de inmediato, debilitada por tal esfuerzo huía a recuperarse, y ver si todavía estaba tal presa.

Con sus ojitos enfermos los veía, y ellos entre el amor y la necesidad de padres buenos lo curaban, la jungla les daba ese paquete, carga y responsabilidad. Habilidad para seguir creciendo, mientras la Boa sin comer también seguía su asecho, Warrain experto estratega, planeaba muy bien su regreso.

En la mirada escondemos formulas.

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